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miércoles, 4 de julio de 2012

El SEXO segun las etapas de la vida...

 

ADOLESCENCIA

En esta etapa, el interés por todo lo relacionado con el sexo cobra una enorme importancia, hasta el punto de que llega a centrar la mayor parte de los pensamientos y de las conversaciones con el grupo de amigos.
Hasta mediada la adolescencia, la masturbación va a ser la principal actividad sexual de chicos y chicas (hay que desterrar la idea de que sólo se masturban los chicos), que les sirve para conocerse mejor y como fuente de desahogo y placer.
Una de sus mayores inquietudes es  la de cuándo comenzarán a mantener relaciones sexuales, especialmente el coito: ser o no ser virgen, ‘haberlo hecho’ o no, se perfila como una frontera que distingue a los “pardillos” de los “líderes”, a las “buenas chicas” de las “lanzadas”… Aquí, las actitudes machistas tienen un peso importante, pues todavía hoy se sigue midiendo por un rasero distinto a ellos y a ellas.
Todo esto puede ir generando una ansiedad en el adolescente. Estar o no a la altura, ceder a la presión del grupo, no sentirse marginado… puede provocar que se llegue a las relaciones sexuales sin que sea un acto decidido libre, madura y responsablemente. De hecho, la edad a la que los chicos y las chicas españolas comienzan a tener relaciones sexuales con penetración es cada vez más precoz: la media se sitúa entre los 16 y los 17 años, lo que implica que hay muchos que ya las tienen antes de esa edad.
A menudo, la falta de madurez implica también irresponsabilidad a la hora de controlar la anticoncepción. No hay duda de que los adolescentes saben perfectamente que los embarazos se producen por relaciones sexuales sin protección, pero eso no impide que en España, cada año, 30.000 menores de 20 años se queden embarazadas sin desearlo.
Por una parte, no saben bien cómo utilizar los métodos anticonceptivos; por otra, les surgen un sinfín de ‘razones’ para no emplearlos: encuentros esporádicos y muchas veces inesperados, consumo excesivo de alcohol… Asimismo, muchas chicas se quedan embarazadas por ingenuidad (tienden a creer lo que les dicen sus parejas o las amigas), o no le piden a su compañero que se ponga un preservativo por temor a que él pueda pensar que está con otros chicos y pueda dudar de su fidelidad.
Es, en definitiva, una etapa maravillosa y, al mismo tiempo, muy conflictiva: el descubrimiento del sexo puede ser una enorme fuente de placer y satisfacción, pero también de conflictos.

EDAD ADULTA

Hacia los 20 años, el sexo continúa siendo una prioridad entre los jóvenes, pero las cosas están más claras: se es más maduro, ya no se tiene la presión de la virginidad (pues lo habitual es que a esta edad ya se haya perdido) y comienzan a interesar más los aspectos emocionales y afectivos de una relación. La masturbación continúa estando muy presente, y, al parecer, es la principal fuente de orgasmos de las chicas, posiblemente porque todavía sus parejas tengan poca pericia o porque ellas mismas sientan apuro de decir en la cama lo que desean.
A partir de los 30 años se considera que comienza la plenitud de la vida sexual de una mujer: no sólo conoce ya su cuerpo, sino que también está más segura de sí misma, de sus necesidades y apetencias, y es más decidida para pedir a su pareja lo que desea. El temor a los embarazos no suele provocar tanta ansiedad como en edades previas: por una parte, está muy familiarizada con la anticoncepción y, por otra, es un momento en el que un embarazo inesperado no tiene por qué significar necesariamente un drama (como puede ocurrir en el caso de las adolescentes).
De los 40 en adelante, se suele dar una disminución en la frecuencia de las relaciones sexuales. Pero no se trata de que desaparezca el interés por el sexo o de que disminuya el deseo; basta con ver lo que ocurre con tantos hombres y mujeres que a esa edad terminan una relación duradera y empiezan una nueva: el sexo brota con tanta intensidad como en los años juveniles. En realidad, lo que suele ocurrir en esta edad es que la rutina conyugal, el acomodamiento y los pequeños (o grandes) desencuentros de la pareja van adormeciendo el deseo por el otro. Por otra parte, suelen ser años de crianza de hijos y de cansancio, de poco tiempo libre y de cierta pereza sexual.

MENOPAUSIA

Siempre se ha dicho que éste es un momento de riesgo para el sexo. Y así es: aunque, médicamente, la menopausia no es sino el cese de la menstruación, no cabe duda de que para una mujer es mucho más.
Dejar de ser fértil puede vivirse de diferentes maneras: para algunas, significa disfrutar de una sexualidad no amenazada por la posibilidad de un embarazo no deseado, así como la liberación que supone la desaparición de la regla. Para otras, puede ser un amargo recordatorio del paso del tiempo; en este sentido, los cambios que se suelen producir en la figura de la mujer (más kilos, más retención de líquidos, menos cintura…), pueden propiciar que baje la autoestima y que se rehúyan las relaciones sexuales por el descontento que origina el propio cuerpo. Por otra parte, en el plano estrictamente físico, uno de los inconvenientes de la menopausia es que se puede dar una menor lubricación vaginal y, en consecuencia, que las relaciones sexuales se hagan molestas o dolorosas. Para paliar esta sequedad son muy útiles los lubricantes vaginales que, además, pueden incorporarse a los juegos de la pareja.
A esta edad, además, suceden otras muchas cosas que pueden también condicionar el disfrute de la vida sexual: el síndrome del nido vacío (pena por la marcha de los hijos de casa), los efectos de medicamentos recetados para combatir problemas típicos de la edad, la dificultad para conseguir una pareja nueva tras una separación.

MADUREZ

La sexualidad en las personas mayores o en los ancianos está rodeada de falsas creencias, de mitos que van perpetuando la idea de que el sexo en la tercera edad es innecesario, anómalo, desaconsejable o anecdótico. Se tiende a pensar que el interés por el sexo es un hecho anormal en las personas de edad, que este interés se debilita en la menopausia y termina desapareciendo, o que ya no hay capacidad fisiológica para tener relaciones sexuales… Se trata de una idea social que puede propiciar que los propios ancianos terminen convenciéndose de que ‘debe ser así’ y resignándose a ello (una más de las renuncias de la edad), cuando las investigaciones médicas indican que, mientras se conserve un buen estado de salud, no hay razón para que desaparezcan el interés y las prácticas sexuales (los estudios señalan que el 85% de los mayores de 60 años continúan disfrutando del sexo).También se ha visto que el modo en que los mayores se enfrentan a su sexualidad está muy relacionado con la actitud que han mantenido ante el sexo a lo largo de su vida: quienes siguen anclados a un modelo juvenil o adolescente de la sexualidad serán quienes peor vivan esta etapa, pues no aceptan los cambios y los problemas derivados de la edad.
Los inconvenientes más comunes relacionados con la vida sexual de los ancianos suelen ser: la falta de pareja, la dificultad para encontrar privacidad (si viven en residencias o en casas de familiares), o las limitaciones físicas para poder mantener relaciones sexuales.
Este último aspecto es importante: cuando envejecemos, tenemos más posibilidades de sufrir enfermedades que pueden afectar a nuestra respuesta sexual (artritis, enfermedades cardiacas, diabetes…), o de estar tomando medicamentos que causen efectos secundarios que alteren negativamente a la sexualidad. Junto a estos aspectos médicos, también tiene importancia el efecto psicológico de la enfermedad: sentirnos enfermos puede provocarnos una apatía sexual, y el impacto de un diagnóstico grave o que limite nuestra esperanza de vida puede ocasionar cuadros depresivos o paralizantes que tengan como consecuencia un rechazo o desinterés hacia la sexualidad. Asimismo, con la enfermedad puede ir cambiando la relación de pareja: el cuidador tal vez sienta que no es correcto demandar relaciones sexuales a su pareja enferma, y ésta quizás se sienta poco atractiva, poco deseada…

EMBARAZO

Aunque no hay razones para evitar las relaciones sexuales en un embarazo que discurre con normalidad (sin hemorragias, amenaza de aborto o prescripción médica de descanso), no cabe duda de que, muchas veces, la sexualidad de una pareja se ve alterada en este periodo. Es posible que la mujer embarazada se sienta molesta, tenga miedo a dañar al bebé o, sencillamente, esté muy fatigada. También el hombre puede ver alterado su deseo sexual: tal vez le generen desasosiegos los cambios que se van produciendo en el cuerpo de su mujer, y comience a verla más como madre que como pareja sexual.
En esta época, los trastornos sexuales más frecuentes suelen ser problemas de deseo sexual en uno o ambos miembros de la pareja, así como una cierta dificultad de la mujer para alcanzar el orgasmo. En el lado opuesto, es relativamente frecuente que las embarazadas sientan, sobre todo a partir de segundo trimestre de gestación, un incremento de su deseo sexual; suelen decir que están permanentemente excitadas y, si su pareja les sigue en este interés, con el tiempo recuerdan sus embarazos como uno de los momentos de mayor intensidad sexual de su relación.
Una creencia que puede ser limitante para disfrutar con plenitud de la sexualidad es la de que el coito o una penetración profunda podría llegar a dañar al feto.  Hay que decir que éste se encuentra perfectamente protegido en el saco amniótico, pero si, aun así, se tienen dudas al respecto, es conveniente consultarlas con el ginecólogo, que será quien aclare los riesgos y peligros. En cuanto a las posiciones, suelen recomendarse aquéllas en la que no se descarga el peso sobre el abdomen. Aun así, no está de más recordar que la sexualidad es mucho más que una relación coital con penetración…

POSPARTO

No hay una fecha establecida a partir de la cual se puedan comenzar a mantener relaciones sexuales tras el alumbramiento: dependerá, fundamentalmente, de cómo se encuentre física y anímicamente la madre. Tradicionalmente se ha considerado la cuarentena como el periodo lógico de abstinencia, pero cada pareja es un mundo, de modo que algunas pueden desear retomar su actividad sexual dos o tres semanas después del parto, mientras que a otras les llevará bastante más tiempo el poder volver a tener relaciones coitales.
El estado físico de la madre es esencial, como también lo son las circunstancias del parto: si ha sido cesárea, si ha habido episiotomía (cuantos puntos le han dado, si éstos se han infectado o no…) u otro tipo de desgarro… No tiene mucha lógica intentar acelerar el proceso de tener relaciones con penetración mientras la mujer siente que todavía no está preparada para ello; la vagina ha sufrido importantes cambios durante el parto y tiene que volver progresivamente a la normalidad… Una vez más, es el momento de recordar que el juego sexual no se basa en la penetración: hay muchas otras prácticas placenteras con las que, al mismo tiempo que se consigue satisfacción sexual, también se refuerza la intimidad de la pareja y la afectividad. Estas prácticas son también adecuadas para que la mujer no se quede anclada en el papel de ‘madre’ y recupere su identidad sexual.
Es muy frecuente que se sienta una cierta sequedad vaginal. Para aliviarla, pueden ser muy útiles los lubricantes, que deberán ser hidrosolubles y no tipo vaselinas o aceites minerales, pues éstos se adhieren a la mucosa vaginal y pueden facilitar el desarrollo de gérmenes y disfrazar las infecciones hasta que estén demasiado avanzadas.